Proyecto

El proyecto del documental “Mañana Inshallah” nació en septiembre de 2014 desde la idea de tres amigos que quisieron intentar ofrecer una mirada diferente sobre el actual y dramático tema de la migración. En particular, nos interesaba observar de cerca las repercusiones que han tenido y siguen teniendo las políticas de inmigración españolas y europeas en la ciudad de Melilla.

La idea original era rodar el documental en Marruecos, única frontera terrestre de la Unión Europea con Africa. Sin embargo, dada la complejidad de la situación con la que nos enfrentamos, tuvimos que modificar el proyecto. Debido a la repetida represión de las autoridades marroquíes, tuvimos que renunciar a filmar en Marruecos, donde la difusión de información sobre la situación migratoria  está fuertemente reprimida. Marruecos, además de ser escenario de diferentes ataques a las personas inmigrantes y solicitantes de asilo, tanto por parte de la población civil como de la policía, es también uno de los países que más financiación recibe por parte de la Unión Europea para el control de los flujos migratorios. De esta manera, la UE encarga al reino Alauita el trabajo sucio de la contención migratoria sin perder por ello su imagen de defensora de los derechos humanos.

Siendo imposible llevar a cabo nuestro trabajo en Marruecos, decidimos centrarnos en Melilla, otro abismo de opresión y sufrimiento. Con el tiempo nos dimos cuenta de que esta elección no fue “menos importante”, ya que consideramos igualmente necesario contar los horrores perpetrados en Melilla, ciudad europea, pero no europea.

El enclave español de Melilla es sin duda un lugar muy simbólico, ya que, junto con Ceuta, representa la única frontera terrestre entre África y Europa. Rodeados de vallas altamente militarizadas, ambos enclaves definen una frontera entre España y Marruecos, Europa y África, Cristianismo e Islam, territorio de la UE y territorio fuera de la UE, próspero norte y sur marginal, entre los ex colonizadores y las antiguas colonias.

Pero Melilla no es sólo un lugar de paso en el movimiento migratorio del África subsahariana; Melilla es una prisión al aire libre, un campo de batalla diario, es una especie de limbo, dentro y fuera de la Unión Europea, donde la reivindicación de los derechos humanos es sólo un lejano recuerdo. Nunca antes habíamos vivido lo que hemos observado en estos tres meses en Melilla. Tal vez porque (in)conscientemente creemos realmente en la “democracia” de Europa, tal vez porque es díficil imaginar tanto horror en una tierra que nos parece conocida, casi nuestra casa. O tal vez porque vivimos en el engaño, convencidos de que el horror tiene un límite y ese límite está marcado por una delgada línea roja, llamada frontera.

Con nuestro documental esperamos mostrar otra cara de la realidad migratoria, a menudo manipulada y trivializada por los medios de comunicación, y recordar la complejidad de cada historia que se esconde tras la palabra “inmigración”.

El proyecto está hecho sin ánimo de lucro, y todas las posibles ganancias serán donadas a todas aquellas personas que se ven obligadas a luchar diariamente para sobrevivir en esta zona.